UNA PROPUESTA HACIA EL RENACIMIENTO DE LA DECLAMACIÓN
Carol Morela Miranda
Carol Morela Miranda
La declamación es un
arte escénico, tal como lo es la danza,
también el teatro. Esto se debe a
que al declamar se recita un poema y es el uso de la voz, modulación de la
misma, la gesticulación y los movimientos corporales de quien declama, lo que
determina la profundidad en la comprensión de dicho texto, manifestando en
forma vívida el sentimiento y la emoción contenidos en él.
Se pone en práctica ante un
auditorio que disfruta de este arte representado y goza ser transportado hacia
el corazón del autor del poema por medio de las imágenes mentales que generan
las palabras del declamador en escena (quien es un actor en potencia).
Un par de siglos atrás, la declamación era practicada en cualquier
evento que tuviera lugar en plazas públicas, también en reuniones familiares o
incluso en discursos políticos donde la oratoria y retórica también han jugado
un papel importante. Se acostumbraba usar, en un muy bien ambientado escenario,
elementos visuales significativos tales como disfraces, y además mucha
expresión: excesiva entonación y gesticulación, lo cual ha venido a ser poco
usual en la declamación moderna.
En mis tiempos de colegio,
estaba muy de moda la declamación. Además, teníamos excelentes profesores que
nos entrenaban para ejercitarla en cualquier acto desarrollado dentro o fuera
de las aulas de clase. La motivación que nos proporcionaba el hecho de leer
poesía, memorizarla y luego representarla, interpretando su autor, era
sencillamente gratificante.
Esto, no sólo sienta las
bases del buen manejo del discurso en los estudiantes, sino también les
fortalece socio-afectivamente al proporcionarles la seguridad de enfrentarse
ante un público, entre otros innumerables beneficios.
Es bastante preocupante que
la declamación ya no cuente con su
propio espacio ni dentro ni fuera de las actividades escolares y que haya
perdido la importancia que en otros tiempos ha tenido, esto bajo el argumento
de que “no debemos depender de la memoria en el aprendizaje”; lo cual, a la
verdad, es una justificación extremista que erróneamente descalifica una
función mental básica en la adquisición y apropiación del conocimiento en el
ser humano.
Convencida de la maravillosa
importancia que tiene la declamación,
principalmente dentro del contexto escolar, sencillamente porque la experiencia
me lo dicta, además de los estudios de investigación desarrollados, he querido
convocar a mis lectores (estudiantes, profesores y padres de familia de dentro
o fuera de la institución) convencidos también de que este arte nos ha de
llevar lejos, como en otros tiempos, a que “los versos
en el corazón, repetidos una y otra vez con la ayuda de la memoria, ahonden
nuestra percepción de la vida, nos compenetren con nuestra más profunda esencia
humana y nos ayuden a encontrar la paz interior que solo la poesía puede darnos”
(Ana Lucía Jaramillo de Egger, El Arte de la Declamación Moderna, 1959) al ser
declamada.
El Grupo DECLAMA abrirá los espacios para el encuentro con la poesía desde el arte de la
declamación.
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